La boda en La Arboleda del Sur de Ezcaray de José y Jesús

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La boda en La Arboleda del Sur de Ezcaray de José y Jesús

«¿Quién nos iba a decir que este camino iba a ser tan fácil?»

José y Jesús se lo preguntaron en voz alta, delante de todos, delante de su gente, delante de quienes han formado parte de ese camino.

Pero la verdad es que lo fácil nunca fue el camino.

Lo fácil fue encontrarse.

Lo fácil fue elegirse.

Y qué mejor sitio para celebrar un amor que ha crecido sin miedo y con la naturalidad de quienes saben que están donde tienen que estar que en La Arboleda del Sur, en Ezcaray.

Un lugar donde el verde lo envuelve todo, donde la montaña y el viñedo se encuentran, donde la fiesta y la calma conviven sin chocar.

Porque si algo define a esta boda, es que lo tuvo todo.

La Arboleda del Sur: el mejor escenario posible

Hay lugares bonitos y luego están los que hacen que todo tenga sentido.

La Arboleda del Sur es de esos.

Un espacio rodeado de naturaleza, a pocos metros del corazón de Ezcaray, con jardines que parecían diseñados para celebrar algo grande.

La ceremonia fue bajo un cielo que respetó el momento, en un entorno que parecía estar esperando exactamente esta historia.

No había decorado mejor que el que ya existía. Las montañas al fondo, la brisa moviendo las hojas, la sensación de estar en un sitio donde el tiempo va a otro ritmo.

Pero si La Arboleda del Sur es lo que es, es también por quienes la hacen funcionar.

Y ahí entra Rossi Landazuri.

Nuestra wedding planner favorita. Con la que haríamos todas las bodas del mundo.

Porque lo suyo no es solo organizar, no es solo coordinar.

Es hacer que los novios solo tengan que preocuparse de una cosa: vivir su día.

Y José y Jesús lo vivieron.

Un banquete con alma riojana y un catering de otro nivel

Cuando los invitados entraron al banquete, sabían que no estaban en un sitio cualquiera.

Si algo tiene La Arboleda del Sur es su cocina.

Y si alguien sabe hacer de una boda una experiencia gastronómica que se recuerda durante años, es Francis Paniego y el equipo de Echaurren.

Cada plato salió de cocina con el mimo de quien sabe que ese momento es único, de quien entiende que una boda no es solo un brindis, sino el sabor que se queda después.

Y todo rodeado por un diseño floral de Flores María Teresa que hizo que la naturaleza estuviera también en cada mesa, en cada rincón, en cada detalle.

Lo que queda cuando todo se apaga

Podría hablar del paisaje, de los brindis, de cómo Ezcaray se convirtió por unas horas en el epicentro de algo irrepetible.

Podría hablar de los votos, de la emoción en las miradas, de los abrazos que fueron tantos que ya nadie recordaba el primero.

Pero lo que de verdad queda es otra cosa.

Es la sensación de que, en mitad de esas montañas, su historia ya se ha quedado para siempre.

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