La boda en Casa de Quintã de Marina & Francisco
Las bodas en Portugal tienen algo especial.
Es difícil de explicar si no has estado en una. Hay una intensidad, un fuego lento que empieza desde la mañana y, cuando cae la noche, arde sin frenos.
Hace unos años nos pasó en Sintra.
Y aquella noche de verano en Casa de Quintã lo confirmó todo.
Una pareja mitad española, mitad portuguesa, con invitados llegados de todas partes porque su vida, como la de tantos, se había tejido entre países y ciudades.
Y allí estábamos, en una casa con historia, rodeados de viñedos y aire tibio, con las luces colgando entre los árboles y una luna que parecía puesta a propósito.
Portugal y su manera de celebrar
Portugal no entiende de bodas discretas.
No es un sitio para amores contenidos ni emociones de manual. Aquí la felicidad se grita, se baila, se abraza fuerte y se estira hasta el amanecer.
Y aquella noche fue un festival de cariño sin medida.
Las miradas largas, las copas en alto, las risas que se mezclaban con el sonido de la música y el murmullo de la gente hablando en distintos idiomas.
Pero lo mejor no fue la fiesta.
Fue el afecto palpable.
Ese que no se dice, pero se siente.
Ese que hace que, aunque no entiendas una palabra de lo que están diciendo, sepas perfectamente lo que están sintiendo.
Volveremos a Casa de Quintã
Este año volveremos a Casa de Quintã dos veces más.
Y no podemos esperar.
Porque sabemos lo que nos espera.
Sabemos que habrá bailes sin freno.
Sabemos que habrá abrazos que parecen despedidas, aunque nadie se va.
Sabemos que habrá esa energía portuguesa, esa forma de celebrar como si el mundo se acabara al día siguiente.
Y sabemos que, cuando llegue el momento, volveremos a mirar alrededor y pensar qué suerte haber estado aquí otra vez.





